En un País Extraño: Dos

The English version of this post—In a Strange Land: Two—was posted here on October 19, 2016. This Spanish translation is my own and may contain errors. I invite native speakers of the language to comment on my errors and to suggest corrections. Aquí está una traducción en español de In a Strange Land: Two. Me gustaría que hispanohablantes quienes leen mis traducciones, por favor, me permitan saber mis errores y sugieran enmiendas.

No hubo volviendo atrás desde nuestro exilio. Mi vida continuaba. Aunque viviendo pareció opcional, la alternativa fue complicada tanto como fue inevitable. ¿Viví para evitar la complicación de muriendo?

Había más que eso, yo pensé. Por supuesto había.

¿Pero qué  lo estaba? ¿Por qué continuar? Pues, porque hubo belleza. Por lo menos hubo belleza, y la cosa maravillosa fue que belleza fue sin limite. No hubo una cantidad finita de ella en el mundo, o en la vida. Fue imposible ver toda la belleza que hubo. Fue imposible sentir toda la belleza que yo no podía ver. Y desde algún manantial de creatividad, belleza era siempre siendo creado.

Mi habilidad para percibir belleza siempre estaría amenazado por dolor, pena y aflicción. Estaría amenazado también por ira. Tan largo como belleza por sí sola — o mi voluntad de percibirla — derrotado dolor y sus afines espíritus — pena, aflicción, ira — habría un razón para mí, una respuesta a la pregunta “¿por qué?”

Podía haber habido otras respuestas, pero yo no podría decir, a ese momento, lo que fueron. Fue bastante, a ese momento en mi exilio, haber la sentia que belleza ganaría la batalla con dolor.

¿Fui simplemente un espectador entonces? Lamenté que no fui un músico o un artista que estaba contribuyendo en la creación y expresión de belleza. ¿Descubriría yo mi participación? Explorando mi propia habilidad para crear belleza—esto pareció ser una causa noble, un honrado propósito, aún.

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