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Convirtiendo en Neil

The English version of this post—Becoming Neil—was posted here on March 29, 2016. This Spanish translation is my own and may contain errors. I invite native speakers of the language to comment on my errors and to suggest corrections. Aquí está una traducción en español de Becoming Neil. Me gustaría que hispanohablantes quienes leen mis traducciones, por favor, me permitan saber mis errores y sugieran enmiendas.

En marzo 2016, tuve el privilegio de interpretando Neil en un comunidad teatro producción de La Calidad de Vida, una bellamente escrita obra por Jane Anderson. Neil y su esposa Jeanette están viviendo en una yurta en su propiedad en las Berkeley Colinas en California del Norte después de perdiendo su casa en un incendio forestal. Neil tiene cáncer, y sus opciones de tratamiento se han agotado. “Más que sufrir el tipo de prolongada, humillante y dolorosa muerte que es común con esta enfermedad, él ha eligido a tomar el más humano y dignificado camino de liberar.” Como él dice, él está “estirando la pata antes de la máquina empiece de estrellarse.”

La obra mira cómo nosotros percibimos muerte, duelo y fe. A su corazón, la obra es sobre encontrando comodidad y esperanza en cara de grande pérdida. Es un cuento que está dicho con humor, compasión, dolor y, sobre todo, amor. En proceso de haciendose Neil, he visto que la calidad de vida incluye tristeza  y que tristeza es lo que hace vida ser preciada. Yo puse a mi mismo en los zapatos de un agonizante hombre, que es, por supuesto, donde yo había estado todo el tiempo.

¿Qué es el ético testamento de Neil? El concepto tiene raices bíblicas, pero un ético testamento puede ser descrito como una expresión de valores que están dejado en herencia de una generación a la próxima. Esparcido a través de La Calidad de Vida, similar a los tesoros que ellos encontraron en las cenizas de su casa, están pistas que revelan la colección de valores de Neil y que dan forma a su testamento ético.

Neil y Jeanette son espirituales, pero “no son parte de algún religión organizada.” Su guía moral no viene desde los Diez Mandamientos pero desde “común decencia.”

Neil comprende la validez de creencias religiosas, pero él no cree en condenación eterna. Él no necesita reglas o dogma basado en fe para mostrarle lo que es correcto y lo que es malo. Es bastante para Neil saber su propia corazón y saber lo que es verdadero.

Común decencia hace amabilidad una virtud. Neil cree que es importante ser amable y ser agradecido por la amabilidad de otros. Él cree que tiene una responsibilidad para rectificar cosas cuándo él encuentra que él ha ofendido a otro con una palabra desagradable.

Aunque hay dolor, también hay belleza en vida. Neil se deleita con esa belleza y expresa su alegría en el regalo que belleza trae. Yo he imaginado las últimas palabras de Neil:

Tus ojos son cálidos y tu corazón es generosa. Tú has ido a través de un horror innombrable en tu vida, pero aún tú ves la belleza de un halcón que vuela en circulos y la promesa contenido en un aguacate semilla. Yo festejo esa alegría contigo, porque hay belleza y esperanza en vida. Sólo tienes que encontrarlo. Personas se alejan, y deseo que yo supiera cómo quitar el dolor. Toma cuidado de tu mismo.

Neil está interesado en otros puntos de vista. Aunque él puede discrepar, está respetuoso de las creencias de otros. Él presta atención a cómo sus palabras y acciones pueden afectar a otras personas. Siempre él busca a encontrar verdad común.

No siempre hemos estado de acuerdo, pero me gusta oir desde el otro lado. Admiro a tu duro fe y tu dura corazón. Sé que tú no estás hecho de piedra. En el fin, tú y yo no somos tan diferentes. Por todas partes que miras, hay angustia, y personas se alejan. Pero tú construyes cosas. Tú martillas en los clavos, y tú llenas el comedero de pájaros. Tú extiendes la mano. Tengo fé que tú podrá averiguarlo. La vida es demasiado preciosa.

[Photo credit: R.S]

Neil y Jeannette hacen un brindis a teniendo “no miedo” de muerte. Su muerte que se acerca no es horrible, él dice. “Todos nosotros tenemos que morir. Los presidentes lo hacen, los recolectores de basura lo hacen, los abogados y poetas y contadores públicos lo hacen.” Él ha eligido a terminar su travesía, y está agradecido que él puede diseñar su propio fin y que él morirá suavemente con su amada Jeanette por su lado. Él quiere “amar su último suspiro” y ve esto como “nada pero un privilegio y un regalo.” Él dice que no tiene miedo de muerte, pero reconoce en sí mismo el “terror y rabia que normales personas sienten.” La vida no te permite a engañar dolor y duelo.

Aún, Neil ama la vida, y él rehusa dejar que muerte hacer a él morboso o lúgubre. Él permite a sí mismo ser juguetón, y a veces, su personalidad se funde con el arquetípico embaucador.

A la cara de la pérdida de su propia vida, dejando a todos y todo lo que él ha conocido jamás, Neil encuentra comodidad en Jeanette con cada latido de su corazón. Es el amor entre ellos que él valora más que cualquier cosa.

Te he amado desde ese momento cuando, en pie sobre una roca en México, yo miré abajo a ti y vi tu sonrisa y nuestros ojos se encontraron. Tu espíritu de salvaje y ilimitada alegría me ha mantenido yendo a traves de todos los años. Y ahora, no quiero dejarte, pero personas se alejan. Aunque mi corazón rompe cuando compartimos nuestro final adiós, mi mente encuentra paz en un latido de corazón. Por favor, sabe que este menos que perfecto hombre te amó. ¡No miedo!

Diferente a Neil, no tengo el cancer. No estoy enfrentado por una enfermedad terminal con no esperanza de cura. No me han puesto en la posición de tener que tomar decisiones sobre el fin de mi travesía, pero sé que hará un fin. Hay sabiduría en el ético testamento de Neil que resuena en mí como una campanilla de viento y que se funde en mi alma, en mi sustancia de estrellas, porque me he convertido en Neil.

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In a Strange Land: Two

There was no turning back from our exile. My life continued. Though living seemed optional, the alternative was complicated as much as it was inevitable. Did I live to avoid the complication of dying?

There was more to it than that, I thought. Of course there was.

But what was it? Why go on? Well, because there was beauty. At least there was beauty, and the wonderful thing was that beauty was without limit. There was not a finite amount of it in the world, in life. It was impossible to see all of the beauty that was. It was impossible to experience all the beauty that I could not see. And from some wellspring of creativity, beauty was always being created.

My ability to perceive beauty would always be threatened by pain, by sorrow and by grief. It would be threatened also by anger. So long as beauty itself—or my will to perceive it—overcame pain and its kindred spirits—sorrow, grief, anger—then there would be a reason for me, an answer to “why?”

There may have been other answers, but I could not, at that moment, say what they were. It was enough, at that time in my exile, to have the sense that beauty would win the battle with pain.

Was I then merely a bystander? I regretted that I was not a musician or an artist participating in beauty’s creation and expression. Would I discover my participation? Exploring my own ability to create beauty—this seemed to be a worthy cause, a righteous purpose, even.

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